Quien fue Carlos Manuel de Céspedes

Cespedes-1“No hay mejor espacio que este para recordar al Primer Presidente de Cuba, al abogado, al magistrado. Fue una figura prominente del foro cubano, un librepensador, defensor del estado de derecho como una aspiración legítima de nuestro pueblo”

Recordemos a quien fuera uno de los más preclaros líderes políticos que ha tenido la nación cubana, y el más destacado de aquella generación gloriosa que le lanzó el reto a España en 1868.

 Precisamente este 27 de febrero, se conmemoran 140 años de la muerte de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

Desde los primeros años de vida los cubanos oímos mencionar nombres de patriotas como José Martí, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes y muchos otros. Pero es este último una de las figuras prominentes del martirologio del siglo XIX cubano. Cuenta las historia y los historiadores que Céspedes y del Castillo nació en la villa oriental de Bayamo,  el 19 de abril de 1819.

Carlos Manuel de Céspedes es uno de los más preclaros líderes políticos que ha tenido la nación cubana, y el más destacado de aquella generación gloriosa que le lanzó el reto a España en 1868; y que luego se inmoló en los 10 años de cruenta lucha por la Independencia.

Sus valores éticos y su pensamiento político, constituyen un valioso ejemplo de firmeza revolucionaria. A la distancia de tantos años podemos hacer muchos análisis acerca de la personalidad, pensamiento y acción revolucionaria de este hombre de formación humanista y clásica avalada por su acertado ejercicio de la abogacía, graduado con honores en modalidad de claustro pleno. Como poeta compuso más de 50 piezas líricas de distintas tipologías.

Era políglota y excelente traductor. Ejerció la crítica literaria y el periodismo. Precursor del ajedrez, padre de la numismática e iniciador de la diplomacia cubana.

Hombre de pensamiento progresista, era contrario a todo oscurantismo y defendía la libertad del pensamiento. En fecha tan temprana como 1851 expresó: “…El genio y la virtud no tienen patria”, sentencia en la que vincula dos concepciones fundamentales para un intelectual verdaderamente revolucionario: el talento y la ética. Confiaba en los adelantos de la ciencia y no dudaba en aplicarlos, de manera que su Ingenio Demajagua fue uno de los primeros en tener máquina de vapor en todo el Valle del Guacanayabo. Fue pionero en la introducción del trabajo asalariado, adelantándose con ello unos 20 años al ritmo de los cambios económicos estructurales del país.

Para él, la Independencia era el primer requisito para convertirnos en nación. Y en el mismo acto de proclamación, en gesto señaladamente progresista, libera a sus esclavos, colocándoles a su lado como pariguales. Concederles la libertad, lo podía hacer un filántropo; hacerlos sus iguales lo hizo un revolucionario convencido. Y posteriormente, dando muestra de su talento político, emprende una política abolicionista. Así, el alma cubana se forjó en el monte. En la manigua de Cuba libre se mezcló la sustancia nacional que dio lugar al proceso independentista del 95, triunfante en 1959.

Muchas anécdotas demuestran la grandeza del Padre Fundador, pero hay un momento que resume más que todos, los juicios sobre la dureza inquebrantable de su integridad; aquel cuando sobreviene la disyuntiva de salvar al precio de sus ideas la vida de su hijo Amado Oscar. Entonces, puestos en una balanza el entrañable afecto, de un lado, y del otro las lágrimas de incontables familias cuyos vástagos habían sido inmolados, decididamente responde al general Caballero de Rodas: “Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueran por nuestras libertades patrias”

En la última anotación que dejara en su diario, Céspedes decía: “Hoy ha salido un criado en busca de cocos y trae la noticia de haber llegado una columna española.” Era la mañana del 27 de febrero de 1874.

“El desenlace fatal se avizoraba. El Padre de la Patria, luego de sus acostumbradas tareas diurnas, incluida la última partida de ajedrez con su coterráneo Pedro Maceo Chamorro, sale a visitar a algunos vecinos de la intrincada comarca, en donde enseñaba a leer y escribir a los niños y dialogaba con los campesinos de la zona. Una niña se aproxima a la casa de “Panchita” Rodríguez, donde se encontraba Céspedes, y por el camino descubre la presencia de soldados españoles. Al parecer, una traición ponía al descubierto su paradero”.

El patriota, revólver en mano, sale del bohío. Los españoles emprenden la persecución abriendo fuego.

“Un capitán, un sargento y cinco soldados lo persiguen. Los españoles intentan capturarlo vivo, pero el bayamés dispara sin detener la carrera. La hora final llegaba. El sargento Felipe González Ferrer se le encima, y ante un último esfuerzo de Céspedes por neutralizar de un disparo a su rival, el sargento acciona su fusil y a quemarropa le perfora el corazón”.

Así dejaba de existir el iniciador de la guerra de independencia en Cuba contra el gobierno español y quedaba inscrito en el mármol de la historia el hombre y el héroe que fue el padre de todos los cubanos.

4 comentarios

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    • Alex on 28 febrero, 2014 at 13:02
    • Responder

    ejemplo de cubano digno

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